Todos estáis interesados en el dharma y en
la meditación. Pero, ¿qué es el dharma, y como meditamos?. Básicamente, dharma es
cualquier cosa que causa el que disminuyan nuestras ilusiones, nuestros pensamientos
perturbadores; es cualquier cosa que nos trae paz de mente y liberación de la confusión
y el sufrimiento.
El Budadharma enseña métodos para purificar la mente de negatividades y así desarrollar
nuestro potencial humano al máximo. Algunos de estos métodos, como el no dañar a
otros, generar compasión y practicar la generosidad, son compartidos por otras tradiciones
religiosas y filosóficas. Otros métodos son únicamente budistas. Dos de estos, karma
y vacuidad, son el corazón del dharma. El karma es la ley de causa y efecto, y la
vacuidad es la naturaleza última de la realidad, vacía de todas las concepciones
erróneas.
Empecemos con el karma. Toda acción ejecutada por el cuerpo, palabra o mente a la
larga produce una reacción específica. Por ejemplo, una mala actitud culminará definitivamente
en problemas y sufrimiento, mientras que una mente buena, limpia y clara siempre
trae felicidad. Todos hemos notado que cuando nuestra mente esta llena de confusión
todo lo que decimos sale de una manera confusa. A pesar de que este vinculo parece
obvio cuando es analizado, no siempre es aparente. Cuando nos encontramos a nosotros
mismos diciendo algo sin sentido o desagradable, tendemos a decir ‘Oh, no se porque
he dicho esto; solo que salió así’. Asumir que no existe ninguna razón particular
para nuestras acciones descontroladas es un error. Ni una sola palabra ha sido pronunciada
jamás que no haya sido motivada por una actitud positiva o negativa.
El comprender la conexión kármica entre causas y efectos nos dará la energía para
transformarnos a nosotros mismos. No obstante, es esencial aproximarse a nuestra
práctica con paciencia y sabiduría. Cambiar nuestro comportamiento habitual no es
fácil. No es como hacer café instantáneo; ello toma tiempo. El cambio ocurre gradualmente
porque las diferentes actitudes e ilusiones negativas poseen diferentes grados de
fortaleza. Por lo tanto cada problema mental debe ser tratado de acuerdo a su naturaleza
particular, ya sea ello extremadamente sutil e incrustado en nuestra consciencia,
o bastante evidente y alcanzable. La aproximación lógica es concentrarse primero
en la purificación de las negatividades burdas antes de intentar arrancar de raíz
las profundamente sutiles. El punto importante es que eliminar las faltas más obvias
es algo que podemos hacer ahora. Es mucho más sabio trabajar en un área
donde el éxito es posible que querer alcanzar lo imposible.
Por ejemplo, cuando lavamos un trapo sucio es imposible eliminar inmediatamente
las manchas y olores. El lavado inicial tiene cuidado de la primera capa de suciedad
pero es solamente después que es lavado y escurrido dos o tres veces que todas las
manchas finalmente son eliminadas. Las ilusiones raíz – apego, enfado e ignorancia
– son las manchas que polucionan nuestra mente y, de estas, la ignorancia de la
realidad es la mas profundamente arraigada y la más difícil de eliminar. Limpiar
la mente es un proceso evolutivo y la única manera de asegurar un cambio positivo
es trabajar en las ilusiones burdas ahora y abordar las más sutiles después.
A través de vuestra práctica del dharma nunca debéis forzaros a vosotros mismos,
sino antes al contrario debéis intentar estar relajados y hacer solo lo que es posible
en el momento. Si os forzáis mas allá de vuestras capacidades vuestro sistema nervioso
puede sufrir un shock, produciendo de este modo una reacción extremadamente negativa;
podéis incluso abandonar totalmente el intento de tratar con vuestras ilusiones.
A pesar de que somos adultos tenemos las mentes de niños. La mente de un niño requiere
especialmente ser tratada con ternura; necesitamos gran habilidad y paciencia para
tratar con ella. Ella no puede soportar el ser constreñida, o forzada mas allá de
sus limites. Aún así muchos buscadores espirituales son tan perfeccionistas que
sus egos los impulsan a intentar avanzar demasiado rápido. Ellos son severos e implacables
con ellos mismos, y acaban en un estado de tensión. Se tornan frustrados y se enfadan
con ellos mismos y con todo el mundo en derredor suyo. Por supuesto que es bueno
esforzarse para la perfección, pero debemos ser prácticos. Es mejor ir por grados,
paso a paso. De lo contrario es probable que saltéis demasiado rápido y os rompáis
una pierna. Para tener éxito en vuestra practica del dharma es mejor estar relajado
y tocando de pies en el suelo, ajustando la intensidad de vuestra practica día a
día de acuerdo con vuestra situación.
Ser practico incluye el estar abierto a adaptar vuestra practica a las condiciones
externas. Por ejemplo, en esta sala de meditación estamos sentados juntos con las
piernas cruzadas sobre alfombras orientales, rodeados de hermosas estatuas y pinturas
de los Budas; el humo del incienso llena el aire y las velas arden en el altar.
Naturalmente es fácil meditar en tal atmósfera positiva.
Sin embargo, si os encontráis en otro entorno, como en un tren o en un avión, esto
no os da una excusa para abandonar vuestra practica. Tan solo porque no hay imágenes
visibles de los budas sentís que Buda no esta ahí. La totalidad del lugar parece
carecer de espiritualidad y os sentís como envueltos en el samsara. O quizás en
casa vuestra familia no os permitirá tener un altar, o imágenes de seres iluminados
en lugar visible. Y porque sabéis cuanto les molestaría os reprimís de decir vuestras
oraciones en alta voz. Entonces recordando nostálgicamente este pacifico lugar de
meditación, pensáis, ‘Ahora parece como si estuviera en un mundo diferente. Ninguna
fotografía de los maestros espirituales o budas, ninguna vela o incienso, y no puedo
cantar mis oraciones. ¿Cómo es posible que practique el dharma?’.
Tales pensamientos de insatisfacción son ejemplos del trabajo de la mente dualista.
Habéis conseguido racionalizar la manera de hacer vuestra meditación, no realizando
que la belleza del camino gradual a la iluminación es que él explica como meditar
en cualquier entorno – ya sea bebiendo, comiendo, hablando, viajando o haciendo
cualquier otra cosa. La parafernalia religiosa es útil, por supuesto, pero no absolutamente
esencial para la practica. Por cierto, encuentro que el cuarto de baño es un lugar
excelente para tener una tranquila e imperturbable meditación alejada del ruido
y la confusión. Es un buen lugar para tomar refugio.
En realidad es posible encontrar una enseñanza del dharma en todas las cosas que
vemos – televisión, películas, periódicos, el soplo del viento, los movimientos
del océano o el cambio de las estaciones. Si observamos al mundo desde el punto
de vista del dharma podemos obtener una profunda comprensión de la realidad, incluyendo
la impermanencia y la ley de causa y efecto. ‘Todas esas cosas están cambiando,
como yo lo hago’. Generalmente andamos en un sueño, inconscientes de los cambios
y movimientos en derredor nuestro. O esto, o lo tomamos por sentado. Es fácil rechazar
lo que la televisión y las películas están tratándonos de mostrar como meras fantasías.
Tales prejuicios tan solo incrementan nuestra ignorancia y cierran la puerta a la
sabiduría. Si por otro lado, abrimos nuestro ojo de sabiduría y dejamos al universo
revelar su realidad, podemos incrementar nuestro conocimiento y practicar dharma
en cualquier momento y en cualquier lugar.
Permitiendo que todas las cosas que vemos nos recuerden que la ley de causa y efecto
gobierna todo cambio, que cada transformación tiene una razón definitiva, entenderemos
gradualmente el karma. Pararemos de asumir que nuestras experiencias vienen a nosotros
precocinadas, como el café instantáneo. La sensibilidad al constante estado de fluir
de nuestro sistema nervioso se volverá más agudo al tiempo que observamos como nuestra
mente y cuerpo cambian una y otra vez.
Una vez que una profunda comprensión de la causa y efecto surge en nosotros, y vemos
que cada acción tiene una definitiva consecuencia, realizaremos cuan importante
es ser conscientes de todo lo que hacemos. La consciencia del karma conlleva una
consciencia espontánea de nuestro propio comportamiento. Realizando que las acciones
positivas conducen inevitablemente a la felicidad y que las acciones negativas llevan
al sufrimiento, nos tornamos más discriminatorios y más conscientes de la naturaleza
de nuestra propia actividad. Sin embargo, si la ley de causa y efecto no guía nuestra
vida, no existe ninguna practica del dharma, y sin tal practica tan solo la ignorancia
y el sufrimiento permanecen.
Una sostenida consciencia de nuestras acciones físicas, verbales y mentales desde
el momento de despertarnos hasta el momento de dormirnos por la noche es mas profundo
y penetrante que una hora de meditación cada mañana. Esto tiene sentido; una hora
de meditación no es nada comparado a la practica de un día. Y si consideramos los
enormes beneficios que proporciona incluso un día de consciencia del karma, nos
podemos proteger de la apatía y depresión que a menudo infectan nuestra práctica.
Una razón para enfatizar el valor de observar nuestro karma es que los occidentales
están siempre interesados en la meditación. Ellos aman la meditación, pero no están
tan felices cuando se les ofrecen las enseñanzas sobre el karma. Ellos se quejan
de que el karma es demasiado pesado. Pero no debemos dar paso a la ansiedad. Nuestro
cuerpo, palabra y mente es ya pesado; no necesita de las enseñanzas para
volverlo pesado; nosotros somos pesados.
No quiero decir con esto que la meditación no sea importante, sino que si tenemos
problemas haciendo incluso una meditación formal, todavía podemos practicar dharma
perfectamente bien. Meditación significa entonces estar constantemente vigilantes
de nuestras acciones y cultivar una actitud amable y de amor en lugar de una de
explotación. Esto es meditación. De hecho, a la vista de nuestro nivel actual de
desarrollo espiritual, este tipo de aproximación a nuestra practica puede ser incluso
mas preciso y realista que la meditación en profundos temas tántricos.
Si podemos despertar al momento inmediato habremos logrado algo importante. Coged
el momento actual. Todos estamos físicamente aquí, en esta habitación, pero nuestras
mentes están en algún otro lugar, la mayoría pensando posiblemente en el futuro.
‘Después de este curso de meditación haré...’. Estamos soñando sobre alguna otra
cosa mientras el momento presente esta dormido. Incluso mientras os estoy hablando
mi mente esta pensando en el Tíbet. Realmente no estoy con vosotros.
Existe un poderoso método del dharma
para llevar la mente al presente. Cada mañana, tan pronto como os despertéis, deberéis
pensar de este modo: ‘Cuan afortunado soy de estar vivo todavía, y ser un ser humano
en lugar de un perro o una gallina. Con este cuerpo y mente humanos tengo el poder
de comprender mi mente y practicar el dharma. Esto es algo que los animales no pueden
posiblemente hacer. Así que dedico este día al logro de la iluminación. Con el fin
de alcanzar este objetivo rápidamente debo evitar las acciones impuras, y emanar
una vibración positiva hacia los demás’. El poder de esta dedicación os ayudara
a mantener vuestra consciencia y control al más alto nivel a lo largo del día.
Mucha gente pasa su tiempo pensando acerca de lo que harán mañana, en veinticinco
años, o por el resto de sus vidas. Esto es una locura. Los acontecimientos que ocurran
dentro de veinticinco años no son nada excepto el resultado de un proceso de transformación
que va de momento a momento – incluso ahora. El momento presente evoluciona
hacia el siguiente; el cual cambia en el siguiente. Hoy cambia hacia el mañana,
mañana hacia la semana próxima, el año próximo, etc. Si el proceso de evolución
no dependiera de los acontecimientos que tienen lugar en este preciso momento,
no ocurriría nada al cabo de veinticinco años [desde ahora].
A pesar de que el futuro depende del presente, es la naturaleza del ego humano la
de preocuparse acerca del futuro en lugar de preocuparse del cómo actuar ahora.
Cuando meditéis, meditad. Cuando comáis, comed. Cuando cocinéis, cocinad. Intentad
reemplazar vuestras fantasías sobre el futuro con la consciencia del momento presente.
Tan solo entonces estáis siendo realistas. Es ridículo estar cargado de preocupaciones
con lo que va a pasar en el futuro, puesto que vuestras proyecciones acerca de ello
son meramente un producto de vuestra propia mente alucinada. Sin embargo y desdichadamente,
es un pasatiempo común el hacer planes para el futuro. ‘Debo asegurarme de tener
lo suficiente de esto y bastante de aquello para los próximos años’. Quizás muráis
antes de que termine esta semana. Preocuparse sobre el futuro es simplemente una
perdida de tiempo y de energía.
Hay mucha gente que no cree en la iluminación porque nunca han visto o se han encontrado
con un ser iluminado. Yo les preguntaría, ‘¿Podéis ver el mañana?’. Si no, ¿de donde
provienen todas esas concepciones concretas que forman la base para todos sus planes
futuros?. Ellos se preocupan sobre lo que ocurrirá en un futuro que no pueden ver,
aún así no aceptan la iluminación basándose en que no pueden percibirla.
Desde el punto de vista kármico debemos preocuparnos acerca del futuro,
pero nuestro interés actual esta asociado erróneamente. La confusión general con
relación al futuro surge en el tipo de preguntas hechas a menudo a lamas y sacerdotes:
‘¿Cuándo muera iré al cielo o al infierno?’ ‘¿Piensa que seré feliz el año próximo?’.
Con la sabiduría del dharma llevando a la mente la ley de causa y efecto, es fácil
predecir lo que traerá el futuro. Una actitud positiva, sana, hoy, augura un bien
para mañana. Si el continuo mental esta limpio y claro hoy, entonces ciertamente
estará limpio y claro mañana. Así que tenemos la habilidad de predecir
el futuro: utilizando nuestra propia sabiduría. Podemos ver que vivir y morir feliz
o miserablemente depende del mantenimiento de una actitud positiva o negativa desde
ahora en adelante. Tenemos la elección entre morir la miserable muerte de una vaca
o experimentar la gozosa muerte de un meditador. Depende de nuestro karma. Si las
causa y condiciones – leche, calor, etc. – se juntan por la tarde, el resultado
será un tazón lleno de yoghurt a la mañana siguiente.
Es una tontería preguntar a los seres elevados y clarividentes si va a haber un
desastre mundial durante los próximos años. Los desastres están ocurriendo todo
el tiempo. Comprendiendo el karma podemos ver que así como este sistema solar es
producto de la ilusión, es asediado naturalmente por guerras y catástrofes. Por
lo tanto es una perdida de energía preocuparse e inquietarse por ello. De lo que
deberíamos preocuparnos es de mantenernos nosotros mismos tan pacíficos,
positivos y alerta como sea posible. Esto es todo cuanto podemos hacer.
Vayamos ahora al otro aspecto esencial del dharma, aquel del análisis del ego. El
ego es la mente que no comprende la naturaleza del yo, del ser. Generalmente nosotros
sentimos que el yo existe en algún lugar vagamente dentro del cuerpo, pero nuestra
mente superficial ordinaria nunca intenta localizarlo de manera precisa. Para obtener
un dibujo correcto de la realidad, es necesario investigar profundamente e intentar
encontrar exactamente donde reside este yo. De lo contrario continuaremos siendo
engañados por una visión que, a pesar de ser superficial de alguna manera, todavía
se apega a una profunda y concreta sensación de ser. Cuando hacemos una concienzuda
búsqueda de nuestro ser, buscando a través de la totalidad de nuestro cuerpo y sistema
nervioso, nunca podemos encontrarlo. Algunas veces podemos pensar que lo hemos localizado,
pero en un más estrecho examen podemos ver que hemos sido engañados.
A pesar de que existe una técnica especifica para intentar localizar el yo, cada
uno de nosotros debe aproximarse a su investigación en términos de la manera altamente
individual e instintiva en que habitualmente nos referimos a nosotros mismos. Algunos
tienen una vaga sensación de que el yo está en su pecho; otros sienten que esta
en su cabeza o estomago. Cuando alguien es perturbado y sostiene su cabeza entre
sus manos, o se da un cachete en la frente o se agarra a su corazón, esto indica
donde siente mas fuertemente su yo en ese momento. Cada uno de estos gestos es un
síntoma del ego de la persona, proyectando un sentido particular del ser. Mi síntoma,
por ejemplo, es esconderme tras mis ropas de monje. El hecho de que cada uno de
nosotros tengamos nuestro propio juego de síntomas muestra que la sensación intuitiva
del yo es meramente una interpretación del ego. Si el yo fuera algo substancial,
existiría mas acuerdo en lo que respecta a lo que es y donde se encuentra.
El ser imaginado por el ego posee una naturaleza misteriosa, inaccesible. Esto es
porque no existe un acuerdo general sobre sus cualidades o localización; cada uno
de nosotros tiene su propia sensación sobre ello. Esta es precisamente la razón
por la que cada persona debe buscar su yo imaginado, ella misma. Nadie
puede hacerlo por ella. Aún incluso con la sabiduría más introspectiva, buscando
el yo en cada célula del cuerpo, permanece imposible de localizar. Es como un ladrón
que se escabulle de nosotros cuando no miramos y se esconde cuando miramos alrededor.
Cuando estamos relajados y no estamos en guardia, él avanza de cuclillas como un
demonio, listo para atacar, pero si lo perseguimos desaparece de repente como tragado
por la tierra. Esta es exactamente la manera en que nuestra mente nos engaña con
artimañas. La alucinación de un concreto y auto-existente yo del ego es como el
ladrón. Estamos seguros de que está ahí, pero tan pronto como lo buscamos, desaparece.
¡Nuestra mente continuará estafándonos hasta que finalmente la cojamos con las manos
en la masa!. Mientras tanto continuaremos cargando con una poderosa sensación intuitiva
del yo, y una vaga noción de que él existe en algún lado, probablemente en el cuerpo.
La única manera de detener esta fantasía es observar el objeto de nuestra alucinación,
en este caso nuestro propio ser; examinadlo cuidadosamente y ver lo que es realmente.
Ya que el yo imaginado es como un ratero, es necesario utilizar un truco especial
con el fin de capturarlo. Debemos llevar de alguna manera al objeto en cuestión
hacia una visión clara para una estrecha inspección. Debido a que el yo imaginado
surge mas fuertemente en estados altamente emocionales, deberemos tomar ventaja
de estas situaciones, observar la sensación obvia del yo que ha surgido e intentar
localizarlo e identificarlo. Otra técnica efectiva es evocar deliberadamente, durante
la meditación, una crisis emocional con el fin de traer a la superficie esa sensación
del yo. Tanto en un caso como en el otro, el meditador debe estar extremadamente
alerta si es que va a capturar esa imagen antes que ella desaparezca. A través de
esta practica descubrirá a la larga que el ser que él siempre había creído como
existente no tiene absolutamente ninguna base. Era, y es, nada mas que una fantasía.
Todo nuestro sufrimiento y miedos existen solo debido a nuestra aceptación pasiva
del ser proyectado ilusoriamente por el ego. Debido a que ese ser parece existir
concretamente, este parece estar profundamente involucrado en experiencias de ganancia
y perdida y las sensaciones que le acompañan de euforia y depresión. Esta es, de
hecho, la base de todo nuestro sufrimiento.
En algún punto de su contemplación el practicante realiza claramente que toda su
miseria brota de una imagen proyectada por su propia mente distorsionada, una imagen
que en realidad no posee ninguna base. En este punto él ha alcanzado un estado de
mente indestructible, mas allá de todo miedo. Cuando los meditadores Tibetanos alcanzaban
este nivel de realización utilizaban una hábil técnica para poner a prueba su nueva
experiencia. Ellos se imaginaban a sí mismos involucrados en una situación extremadamente
temerosa o emocional y entonces observaban sus reacciones. Si no surgía ninguna
gran sensación del yo temiendo el dolor o la perdida, en sus mentes, podían estar
seguros de sus logros internos. Este tipo de experimentación es similar a la manera
en que las ideas son probadas en los estudios científicos. Aquí, sin embargo, el
experimento es interno y muy personal.
De acuerdo con la filosofía del gran maestro Indio, Nagarjuna, el ser que se aparece
intuitivamente a nuestras mentes no existe en ningún lugar dentro de la total estructura
atómica del cuerpo. Esta visión no debe ser confundida con el nihilismo que asegura
que absolutamente nada existe. ¿Qué existe entonces?. La respuesta descansa
en la filosofía del camino medio de Nagarjuna, la cual deniega la existencia del
ser fantaseado por el ego, mientras que asegura aquella del ser relativo y originado
dependientemente. Esto no es simplemente algún concepto filosófico; no estoy interesado
aquí en hablar de filosofía. Este es un método práctico para descubrir lo que es
real y lo que no. Y si miráis dentro de esto por vosotros mismos veréis como vuestro
propio ego imagina la existencia de algo que absolutamente no existe.
Cuando nace un bebe, los padres arbitrariamente dan un nombre a la pequeña burbuja
que ha aparecido de repente. Ellos no tienen una razón lógica para escoger ese nombre
específico para esa burbuja particular. ‘¿Te gusta el nombre de Cristina?’ ‘Si,
me gusta’ ‘Bien, entonces vamos a llamarla Cristina’. No es como si el padre y la
madre puedan ver que el ser más interno o consciencia del bebe pertenezca, por su
misma propia naturaleza, a una categoría que siempre es llamada ‘Cristina’. O que
algo dentro del bebe esta justamente esperando a ser llamado por su nombre real.
‘Cristina’, a la luz de la filosofía de Nagarjuna, es solo una cuestión de una burbuja
que aparece y que luego es designada por un nombre. Cristina es la combinación de
la palabra y la burbuja.
Pero el ego no esta satisfecho con ser solo una burbuja y un nombre. Por lo tanto
confunde el tema imaginando que existe alguna otra cosa. ‘Soy algo mas que solo
una burbuja; tengo mi propia existencia aparte de esto’. La naturaleza del ego es
la de estar insatisfecho, y mejora y hermosea hábilmente su identidad creando formas
y colores desde su propia imaginación. Así como nunca esta satisfecho con cualquier
cantidad de riqueza o belleza, tampoco él es feliz con ser meramente un nombre y
una burbuja. Él no puede aceptar la simple realidad: la manera en que las cosas
existen realmente. Por ejemplo, ahora que estoy en España ya no me gusta mas ser
Tibetano. Yo sería en realidad un apuesto Español con un hermoso mostacho. Dondequiera
que vaya quiero ser algo diferente. No puedo admitir o aceptar quien o que soy.
¡Es increíble lo poco realista que es el ego!. Su mundo es como plástico: pura imitación.
En referencia al mundo de fantasía del ego, Buda dijo, ‘Todo es ilusión’. Para comprender
el verdadero significado de esta sentencia, vamos a ver primero que se entiende
por el mundo del ego. Vuestro mundo es todo lo que veis, escucháis, oléis, degustáis,
sentís y pensáis; en otras palabras esta hecho de todas vuestras percepciones sensoriales.
El ego de cada persona crea su propio mundo personal. Tu no estás viviendo en mi
mundo; tu estas viviendo en el mundo ilusorio de tu propio ego. Aún así cuando algunas
personas escuchan que todo es ilusión ellos lo mal interpretan como que ello quiere
decir que nada importa. ‘¡Fantástico! Puedo robar, beber, tomar drogas y alucinar
con el LSD tanto cuanto quiera. ¿A quién le importa?. De cualquier forma es solamente
una ilusión’.

Existen varios términos utilizados para referirse a la naturaleza ultima de la realidad.
Algunas veces es llamada vacuidad (‘emptiness’), puesto que la verdadera naturaleza
de todos los fenómenos esta vacía, como opuesta a la imaginación del ego, que esta
llena. ¿Llena de que?. Llena de conceptos, expectativas, ansiedades y proyecciones
que nada tienen que ver con la realidad. En estado ultimo, todas las cosas están
vacías. La realidad también es llamada vacuidad (‘voidness’), la vacuidad siendo
el opuesto del mundo sólido, concreto e imaginado por el ego. Todos los fenómenos,
tanto samsáricos como espirituales están vacíos por su propia naturaleza.
Es esencial eliminar la concepción errónea básica del ego sobre la realidad, porque
esta es la raíz de todo sufrimiento. La visión del ego esta corrompida y es poco
real, y produce una baja opinión de uno mismo y de los demás. Ella infravalora nuestras
verdaderas potencialidades y cualidades, creando por ello una sensación de inseguridad
y defensa. Además, con este tipo de actitud negativa fácilmente nos vemos envueltos
en argumentaciones y peleas unos con otros. El ego es político por naturaleza. Si
no hubiera ego, no existiría ninguna razón para reñir.
Las concepciones erróneas del ego sobre la realidad también nos mantiene en esclavitud,
ya sea la férrea esclavitud de la existencia o la dorada esclavitud de una manera
espiritual de vida. La esclavitud férrea es nuestro continuo sufrimiento mental
y físico en el ciclo de la existencia insatisfactoria conocida como samsara, mientras
que la esclavitud dorada es la de estar esclavizado a concepciones erróneas y falsas
filosofías.
Muchas filosofías poseen una buena apariencia, una atractiva fachada dorada. Sin
embargo, no importa cuan respetables puedan parecer, estas visiones incorrectas
todavía nos atan a la ignorancia y al sufrimiento. El mas alto objetivo es estar
libre de toda esclavitud. Pero no quiero decir con ello estar libre en
un sentido revolucionario. ¡Quizás penséis que este lama esta intentando empezar
otra revolución Española!. No, yo solo estoy intentando provocar una revolución
en vuestras mentes.
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